Lunes 11 de Marzo de 2019

No temas, yo te envío

Homilía del obispo diocesano, Ariel Torrado Mosconi, en la Misa de ordenación diaconal de José Alberto Pedraza en la Iglesia catedral de Nueve de Julio el viernes 8 de marzo de 2019

La luminosidad de las lecturas bíblicas recién proclamadas junto a belleza de los signos rituales de los cuales participaremos dentro de unos momentos, ponen de manifiesto el misterio amoroso del de Dios con su pueblo. Misterio de misericordia que -no lo olvidemos nunca- es para nuestra vida y salvación. Así vemos como la llamada divina y sus dones se van entrelazando con la escucha, la respuesta, las debilidades y la confianza del hombre en un diálogo fecundo de amor creciente. Deseo reflexionar en torno a tres realidades que son el núcleo y la médula de las lecciones de esta celebración litúrgica de la ordenación diaconal de nuestro hermano José. Ellas son: el temor, el don y el servicio.

1.- El temor

El temor es una de las realidades humanas más ciertas y profundas; y lo experimentamos cotidianamente por muy diferentes motivos. La conciencia de nuestra debilidad y pecado junto a la grandeza del encargo de Dios y los desafíos y el peso de la realidad, no pueden menos que turbarnos y desconcertarnos. Es la experiencia del profeta y del apóstol ante la manifestación del Señor “¡Ay de mí, estoy perdido” y la palabra llena de consuelo de Dios: “…No temas”

Es muy saludable experimentar esta especie de pequeñez e impotencia, ella debe ser el primer paso para buscar y abrirnos a la acción potente de la gracia en nuestra existencia. Ante la complejidad de la vida y a la hora del llamado para una misión Dios siempre nos dice: ¡no temas, no tengas miedo! Y este debe ser el motivo más cierto de nuestra confianza, serenidad y fortaleza a la hora de responder, de decir “sí” a sus llamadas. Las figuras del profeta Isaías y de la Madre del Señor son ejemplos contundentes de ello.

Queridos hermanos, querido José: la escucha contemplativa de la Palabra te llevará siempre a pasar del temor a la confianza, del miedo a la generosidad para responder con un “sí” sincero, generoso y grande al llamado de Dios que se expresará a través de tantos desafíos, sufrimientos y misiones que deberás afrontar en tu vida y ministerio.

2.-  El don

Si el temor es una constante en la existencia de todo ser humano, no es menos cierto que esa vida misma es un don. Y así, bien podemos afirmar que las realidades más fuertes de la vida son don, son regalo. La vida misma, la familia, la fe, la vocación y tantas otras realidades cotidianas comienzan por ser un verdadero regalo, un don, no producido ni construido ni obtenido por nosotros mismos sino dado sin mérito ni merecimiento de nuestra parte.

Esta certeza nos hace entrar en la dinámica de la gracia, la lógica del don, la dinámica de la gratuidad que es lo opuesto al individualismo, al interés egoísta y la conveniencia mezquina que se han hecho conducta y estilo de vida en nuestra sociedad. ¡Hoy estamos celebrando un don y vamos a recibir un regalo! Lo recibe José y es para todos nosotros. La conciencia y el sentimiento de ser “agraciados” -dicho en el propio sentido de la expresión: recibir una gracia- nos debe (y especialmente a ti, querido hijo) infundir, embargar e impregnar de serena y fuerte confianza “no hay nada imposible para Dios”.

Queridos hermanos: por el orden sagrado no se recibe un título ni se asciende en un escalafón terrenal por encima de los demás, sino que se nos otorga un don y una gracia para que nos conforta librándonos de todo temor y capacitándonos para el servicio al santo pueblo de Dios.

3.-  El servicio

La Palabra de Dios nos hacer descubrir hoy un camino que va desde el llamado y el temor inicial, pasa por el don y la gracia otorgados por el Señor para llegar al envío y la misión de servir. Todo don conlleva una misión. Así como el rito sacramental de la imposición de manos y la oración consecratoria comunican y manifiestan el don de Dios, los ritos ilustrativos dejan ver claramente cuál es la misión.

Se entrega el libro de la Palabra de Dios, signo de su ministerio de la predicación en las asambleas litúrgicas y llamado contundente a predicar con el testimonio de una vida íntegra, un ministerio fiel y un servicio generoso. ¡La coherencia de vida es la homilía que deberás predicar cotidianamente y en todo momento!

Luego prepararás el altar siendo ministro de la comunión con el cuerpo y la sangre, con la pasión, con el amor del Señor para con los hermanos. Es también un fuerte llamado a ir configurándote con Cristo el servidor sufriente y fiel, testigo del amor, la compasión y la misericordia para con los pecadores, los pobres y los enfermos.

Muy querido José: No puedo dejar de relacionar el testimonio de la primera comunidad cristiana -que nos recordaba la lectura de los Hechos de los Apóstoles- de la ordenación “para el servicio de las mesas”, es decir, de las necesidades de los hermanos, con tu propio camino existencial. Tu entrega al servicio de los ciudadanos en tu paso por la policía, la participación en los grupos scaut, tu espíritu de servicio en los años del seminario, particularmente en la cocina, tu espíritu fraterno con tus compañeros en el centro vocacional Cardenal Pironio y ahora esta dedicación al Hogar de Cristo muestran unos dones, unas disposiciones y capacidades que no quedan de ninguna manera atrás en tu vida, sino que bien podrás integrarlas e incorporarlas para hacer más rico y fecundo tu servicio en muchos sentidos. ¡Que hermoso es ver en estos momentos señalados de la vida, cómo Dios “dispone todo para bien de aquellos que lo aman”.

Queridos hermanos en el Señor: a nuestro hermano José y también a cada uno de nosotros el Señor Jesús nos dice, a cuantos nos toca vivir esta hora de tribulación en la Iglesia. Este tiempo tan doloroso, difícil y complejo, esta coyuntura crítica de la sociedad argentina y del mundo todo, “¡No temas, yo te envío!”. Que en su Palabra encontremos el consuelo, la fortaleza y la paz para cumplir con la misión, apoyados no en nosotros mismos sino en el don sobreabundante de Dios.

+Ariel Torrado Mosconi
Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio.
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