Lunes 26 de Septiembre de 2016

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Reflexiones de una experiencia vivida

Días atrás la Gobernadora María Eugenia Vidal dictó el decreto de mi designación como Juez de Paz de 9 de Julio, finalizando el procedimiento legal.

Sólo restan los trámites administrativos de ingreso al Poder Judicial para el juramento y la asunción del cargo. Trámites que llevarán entre treinta y cuarenta días.

Terminó un proceso que, como es de conocimiento público, fue largo y complicado. Ahora comienza una nueva etapa para el servicio de justicia en 9 de Julio y para mi vida profesional y personal. Una etapa que requerirá de un trabajo arduo y sostenido en el tiempo, y para la que será fundamental la colaboración y el aporte de todos los que conforman el servicio de justicia, es decir los “operadores del derecho”: abogados y profesionales que intervienen en el mismo, personal del Juzgado -profesional y administrativo-,y el Juez.

La justicia, junto con la salud y la educación, forman parte de los servicios más importantes que el Estado debe prestar y garantizar a todos los ciudadanos. Más aún en el contexto que se encuentran las sociedades modernas, atravesado por problemáticas de alta complejidad y elevada conflictividad.

Estas circunstancias exigen a los profesionales una capacitación permanente, una apertura intelectual amplia y, por sobre todas las cosas, ser conscientes de la responsabilidad social de nuestro comportamiento profesional.

Siendo aún estudiante universitario tuve la oportunidad de conocer a un profesor que reunía estas tres condiciones, y que además sabía transmitirlas a sus alumnos con generosidad y con pasión docente. El doctor José María De Rosa.

Hasta el día de hoy seguimos siendo grandes amigos.

También durante mi época de estudiante universitario empecé a tratar en 9 de Julio a otro abogado que reunía las mismas condiciones y que, no casualmente, también era un docente apasionado, el doctor Guillermo Labandeyra (fallecido en el 2002).

Ambos me enriquecieron con sus enseñanzas y fueron referentes en mi vida profesional, docente y personal. Y ellos, junto con los valores que recibí de mis padres y de mis abuelos, serán mi guía en esta nueva etapa.

Durante todo el tiempo que duró el proceso de designación como Juez de Paz viví sensaciones, sentimientos e ideas de distinto tipo. Mentiría si no dijera que no pocas de ellas fueron difíciles y desagradables.

“Podemos medir el paso del tiempo, pero no el peso del tiempo”, dijo Borges.

Pero también debo decir que obtuve enseñanzas enriquecedoras que me sirvieron para fortalecer el espíritu y templar los sentimientos.

A los cincuenta y un años tengo en claro algunas cosas básicas. Una de ellas es que, día a día, hay que saber diferenciar entre lo urgente, lo importante, lo secundario y lo esencial.La otra es que no somos omnipotentes ni infalibles.

Después de veinticuatro años voy a dejar el ejercicio libre de la profesión para ocupar el cargo de Juez de Paz, aportando la experiencia y los conocimientos adquiridos durante todo este tiempo.

Agradezco a las personas que durante esos años confiaron en mí como abogado.

También agradezco a todos los que me acompañaron durante el proceso de designación: colegas, conocidos y amigos.

Y a los medios de comunicación que supieron respetar mi silencio y que trataron con responsabilidad el tema, sin hacerse eco de comentarios infundados y mal intencionados.

Y, por último, un agradecimiento muy especial a mi hermano, a mi esposa y a mis hijas, quienes me brindaron el apoyo afectivo necesario para persistir en este desafío que me propuse allá por el mes de noviembre de 2011.

Alejandro R. Casas.


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