Viernes 6 de Septiembre de 2013

Las palenqueras de Cartagena de Indias

(Relato para revista Sophia edición online) Por Marinel Ramos.

Las palenqueras de Cartagena de India

Relato de Marinel Ramos.

"Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer…" (Vivir para contarla, Gabriel García Márquez).

Palabras bellas y nunca mejor elegidas para contar lo que produce el impacto de un primer atardecer en una ciudad mística y deslumbrante como pocas.

La hermosa Cartagena de Indias, destino turístico privilegiado del Caribe colombiano, conserva el espíritu colonial de un pasado heroico y una mezcla arquitectónica que fascina. La multiplicidad de sus facetas se respira por doquier, sobre las murallas que la protegen del mar se pueden ver parejas de enamorados ahí donde antes se disparaban cañones. Y este lugar difícil de adjetivar de manera precisa tiene como símbolo cultural a una mujer. No sorprende que sea así cuando se trata de un rincón romántico y encantador.

Se las conoce como palenqueras a las mujeres vendedoras que se pasean por sus calles y playas luciendo vestidos de múltiples colores y cestas con productos regionales sobre las cabezas. Aunque el origen de su oficio muestra un costado quizá no tan colorido y apacible como se le puede pedir a un destino vacacional. Herederas de una larga historia protagonizada por los esclavos negros que llegaron a Colombia durante la conquista española, son ejemplo de lucha y perseverancia por la subsistencia propia y de sus familias.

Ya desde el siglo XVI habían comenzado a llegar esclavos al territorio de la actual Colombia, la mayoría de ellos africanos. Las características de sometimiento y explotación del régimen colonial hicieron que desde ese entonces la búsqueda de la libertad e independencia no cesara. Estos esclavos fueron los pioneros de la cruzada. Los que lograban huir empezaron a agruparse formando en lo alto de las montañas unos asentamientos ocultos llamados palenques, ya que se protegían de la amenazas externas con un corral de palos, a modo de pequeña fortificación. Y así la palabra palenque pasó a ser sinónimo de refugio y libertad; toda persona que llegaba a formar parte de uno era automáticamente libre.

Hubo muchos asentamientos de este tipo, pero el más conocido por su magnitud es el de San Basilio de Palenque, considerado como el primer pueblo libre de esclavos de Latinoamérica. Está ubicado a 50 kilómetros de la ciudad de Cartagena, entre ciénagas y montañas.

Hoy, para ganarse el sustento, las mujeres de San Basilio se ponen el traje de palenqueras y se dedican a la venta ambulante. Recorren las calles luciendo largos faldones floreados o del color de la bandera colombiana: amarillo, azul y rojo. Es común verlas también con el cabello envuelto en un pañuelo.

Se las escucha pregonar "alegrías y cocadas" (dos dulces típicos) mientras mueven sus caderas y sostienen en las cabezas la ponchera, recipiente en el que ofrecen frutas y otras delicias caseras propias de la región.

Referente visual de la ciudad amurallada, imagen de los principales catálogos turísticos de Colombia y también de eventos como el Reinado Nacional de Belleza, las palenqueras son la huella de un rico pasado colonial y multiétnico que cuenta también con un monumento de bronce en la Avenida Paseo del Pescador.

La visita a la ciudad amurallada (centro histórico) es un hito obligado del recorrido por Cartagena, como lo es también la foto con las vendedoras que, a cambio de una colaboración a voluntad, sonríen y posan bien dispuestas. Pero además de ubicarse en lugares estratégicos del casco histórico, algunas prefieren trabajar en las concurridas playas de Bocagrande. Los tiempos modernos fueron transformando el oficio pero pareciera que no han traído horizontes diferentes de la venta ambulante para estas mujeres. Por eso se las ve desde temprano caminar sobre la arena en busca de clientela. Esta vez no lo hacen vestidas con el atuendo tradicional sino con ropa más deportiva y casual que les permite soportar las elevadas temperaturas.

Mientras los turistas toman sol, se acercan para ofrecerles algún dulce o también, a fuerza de rebuscárselas para ganarse sus ingresos, una sesión de masajes o un peinado de trenzas africanas adornadas con bolitas de colores.

"Amiga, masajes", "amiga, trenzas", repite la palenquera de manera incesante hasta bien entrado el atardecer. Y así como el sol se despide para descansar en su lecho de mar, la palenquera se despide de la playa y de las calles hasta el nuevo día, para volver temprano a lucir sus colores y, sonriendo, ofrecer dulces y un poco de la alegría de Colombia.


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