Sábado 6 de Octubre de 2018

Algunas reflexiones sobre el productor y la empresa agropecuaria

El Carburador

Ing. Agr. Pablo Richmond – AER INTA 9 de Julio

El lector de este artículo recordará seguramente, un componente de los autos ya prácticamente caído en desuso: el carburador, reemplazado en los motores nafteros por la inyección electrónica.
Si pedimos a Google que nos lo defina, nos dirá lo siguiente:
“Dispositivo mecánico de un motor de explosión destinado a pulverizar el carburante y mezclarlo homogéneamente con el aire en las proporciones convenientes para satisfacer las condiciones de explosión que permitan el funcionamiento del motor.”
Muchas veces, como despreocupados conductores, pensamos solo en cargar combustible a nuestro vehículo, pero olvidamos otros ingredientes necesarios para producir las explosiones que generan la fuerza necesaria para moverlo: el aire y la chispa que enciende la explosión en los cilindros del motor.
A esta altura, usted podría preguntarse si está leyendo un artículo sobre temas agropecuarios o un viejo número de la revista “Mecánica Popular”. Aguante un poco más, lea y... entenderá la relación!!!
El productor rural, al igual que la figura del carburador que elegimos para ilustrar el tema, cumple, entre otras, la función de combinar elementos: A través de sus decisiones de manejo logra las proporciones de “ingredientes productivos” para mover el “vehículo” de su producción agropecuaria.

Así como dijimos que necesitamos combustible, aire y chispa para mover un vehículo, el imaginario carburador que mueve la producción del establecimiento debe combinar, en lo posible en forma óptima, muchos más ingredientes. Son innumerables, complejos y van desde los factores básicos que rigen el funcionamiento de las plantas hasta aspectos que hacen al conocimiento, las eficiencias de los procesos agrícolas y ganaderos, de comercialización, etc.
El comportamiento de algunos de estos aspectos están fuera de su alcance de decisión. Un ejemplo común es la cantidad y oportunidad de las lluvias. Está siempre presente en las expectativas: Cómo vendrá la campaña: Niño?, Niña?, Neutro?. Pero es necesario puntualizar algo generalmente olvidado: él puede hacer mucho, a través del manejo acumulado en el tiempo, para que su campo esté en condiciones de aprovechar óptimamente esas lluvias, o mitigar en parte el efecto de una sequía: que su suelo presente mejores condiciones para que infiltre el agua y pueda acumularse eficazmente en el horizonte explorado por las raíces. Pensemos que una capa compactada puede minimizar el ingreso de agua al suelo. Por más que llueva, las raíces pueden permanecer en condiciones de sequía, y el agua caída tomará el camino de acumularse improductivamente en el bajo más próximo.
Tengamos en cuenta que las decisiones del productor siempre tienen efecto sobre aspectos como la compactación o no de ese suelo, la ganancia o pérdida de Materia Orgánica, fertilidad, etc. Las charlas organizadas donde se difunden las expectativas climáticas para el año son siempre un éxito de participación. Deberíamos llenar también los salones cuando se difunden conceptos sobre cómo ser más eficientes en la captación del agua, en el cuidado del suelo y en la eficiencia en la producción…
En definitiva, maneja el productor los diferentes aspectos de los cultivos que le permitan aprovechar mejor las características del suelo y las condiciones ambientales: especies, cultivares, fechas y densidades de siembra, espaciamientos, control de malezas, aspectos sanitarios referentes a plagas y enfermedades etc. Trata de dar las mejores condiciones para que su cultivo, agrícola o forrajero, aproveche de la mejor manera la fertilidad, el agua y la radiación para desarrollar lo más eficientemente posible el proceso de fotosíntesis.

Pero volviendo al inicio del artículo, hablábamos de factores que olvidamos frecuentemente.
Decíamos al respecto que el conductor olvida la importancia del aire y la chispa en la combustión. Al igual que un vehículo funciona mal con un motor defectuoso, pierde potencia, echa humo o no de acuerdo a la mezcla de aire y carburante “rica” o “pobre”, el sistema de producción agropecuario presenta también pérdidas de eficiencia que lo alejan de su potencial. En el caso del suelo, a corto o a largo plazo muestra signos de mal funcionamiento también cuando se acumulan en el tiempo decisiones desacertadas para su “salud”: pérdida de materia orgánica, fertilidad, acidificación, pérdida de estabilidad estructural, encostramientos, compactación, etc.
Entre los factores poco tenidos en cuenta, pocas veces hablamos tampoco del aprovechamiento de la radiación solar, más allá de lo mencionado como espaciamiento de hileras, estructura y distribución de plantas.
La radiación solar, es en sí misma otro recurso, una fuente de energía que a lo largo del año está disponible para acumular carbono. A mayor cantidad de tiempo en el año que el suelo esté cubierto de cultivos, especialmente cuando la disponibilidad de humedad por lluvias y napa es abundante, estaremos fijando carbono, destinado a formar tejidos vegetales que se traducirán en forraje, grano, aceite, etc.
Tener el suelo descubierto, improductivo, en barbecho durante largos períodos no garantiza disponer de más agua para el cultivo siguiente. Da más oportunidad al encostramiento superficial por el impacto de la lluvia, a la erosión, al lavado o volatilización de nutrientes y a la instalación de poblaciones de malezas, cada vez más difíciles de controlar.
Otro destino de ese carbono fijado, aparte de la producción de granos o forraje, e igualmente importante en el largo plazo para la empresa, es el aporte al suelo a través de los rastrojos, las raíces de cultivos, cultivos de cobertura, opciones generadoras de materia orgánica. Son innumerables los artículos que se han publicado expresando la necesidad de conservarla en el suelo.
Debemos pensar, al igual que consideramos la eficiencia en el uso del agua y de la fertilidad, en cuan eficientes somos a lo largo del año en captar para nuestro sistema un recurso gratuito: la radiación solar, fijando CO2 que con un correcto manejo se traduce en producción, carbono del suelo, fertilidad y sustentabilidad.
En definitiva, deberíamos introducir en nuestro esquema de razonamiento productivo dos nuevos conceptos, nuevas cosechas aparte de las tradicionales de granos y forrajes:
Cosecha de agua: que proporción de la precipitación caída estamos aprovechando realmente en nuestra explotación para producción y que parte no ingresa al suelo y se evapora de la superficie o termina en el bajo. En definitiva, cuan eficientes somos en captarla y aprovecharla.
Cosecha de radiación: Que proporción de la radiación solar que llega a la superficie de nuestro campo durante todo el año se traduce efectivamente en carbono fijado que se transformará efectivamente en productos vegetales, carne, leche y especialmente materia orgánica del suelo.
Este tipo de ideas, invitan a dejar por un momento la visión de corto plazo, para enfocarnos hacia donde nos dirigimos, mediante la combinación de los factores que hacen a la producción, en el largo plazo. Desarrollar la capacidad de observación de la evolución del sistema suelo-atmósfera-cultivos (agrícolas o forrajeros) y la capacitación constantes resultan fundamentales.

 
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